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diciembre 2015

La memoria

By | Niños | No Comments

Hace dos semanas, un señor de 93 años me preguntó:

– Hija mía, ¿y tú a qué te dedicas en la universidad?

Tras soltar una carcajada, le contesté:

– Abuelo, yo estudio la memoria.

– Ah, bueno. Yo tengo la memoria regular. ¿Cómo es posible que me acuerde de cosas que me pasaron en el ejército (hace ya más de 60 años de aquello) y no recuerde qué comí ayer?

Esa reflexión fue el estímulo que me llevó a escribir este post. Haciendo uso de las analogías, la memoria es una gran caja de almacén compartimentada en pequeñas partes especializadas. En ellas, vamos depositando notas, eventos, recordatorios, fechas, nombres, números, en definitiva, archivos de contenido, de forma consciente o inconsciente. Sin embargo, la accesibilidad a la información almacenada no siempre es posible siendo un factor determinante: el tiempo; los años que hace desde el momento en el que se almacenó el evento y los años que tengamos nosotros mismos.

Con el paso del tiempo, nuestro cerebro alberga más información pero también más residuos cerebrales que se traducen en placas y ovillos neurofibrilares. Al mismo tiempo, la cantidad de sustancia blanca cerebral va disminuyendo así como el número de neuronas e interacciones sinápticas. Estos hechos dan lugar a lo que se denomina “deterioro asociado al envejecimiento normal” (el envejecimiento patológico implicaría hablar de enfermedades típicas de la edad avanzada y no es el tema de este post). Este deterioro cerebral se refleja en déficits de muchos de los procesos cognitivos provistos en el ser humano. En concreto, se han observado problemas visuales, auditivos, atencionales, perceptivos y de memoria (que serán los protagonistas de esta entrada).

Como sabemos, la memoria no es un proceso único indivisible sino que se trata de un conjunto de sistemas (denominados sistemas de memoria) que se encuentran especializados. Cuando recibimos información (adquisición), esta pasa por subprocesos de codificación y consolidación que posibilitan el almacén de la misma en un gran archivo de memoria hasta que se recupera y/o reconoce cuando se necesita. Dependiendo del tipo de información, del nivel de conciencia en el procesamiento, de las estructuras anatómicas que sustentan el proceso, entre otros factores, hablaremos de un sistema de memoria o de otro. Siguiendo la clasificación clásica, la memoria se puede dividir en memoria a corto plazo (también conocida como memoria de trabajo) y memoria a largo plazo que, a su vez, se divide en explícita e implícita atendiendo a si la recuperación se hace de forma intencionada y consciente (memoria explícita) o se trata de una recuperación automática e inconsciente (memoria implícita). Y ya como última clasificación, mencionaremos que la memoria explícita engloba una memoria de reconocimiento que se encuentra formada por dos procesos: recolección y familiaridad. Mientras que la recolección refiere al hecho de reconocer datos almacenados a través de claves o ayudas contextuales, la familiaridad implica reconocer eventos ya almacenados sin el uso de dichas claves asemejándose más a procesos de “insight”. Entendido todo esto, aquí hablaremos de la relación entre el envejecimiento normal y la memoria de reconocimiento, en su  proceso de recolección. Mientras que la recolección es de las capacidades más afectadas por el envejecimiento normal, otras cualidades como la memoria implícita o la memoria a corto plazo se mantienen casi intactas hasta el final de la vida.

Si nos trasladamos a la vida cotidiana de las personas mayores que nos rodean, las quejas de memoria más comunes son: ¿Por qué soy capaz de recordar cuando me casé hace ya 50 años y no consigo recordar quien vino a visitarme ayer? Los psicólogos dedicados a este tema se preguntaron y aún seguimos preguntándonos, ¿por qué ocurre esto? Principalmente por la concurrencia de dos factores, los cuales se mencionan a continuación:

1. Las personas mayores tienen un sistema de codificación de la información más pobre que cuando eran jóvenes, por tanto, la codificación de nueva información como la persona que les visitó (siguiendo la pregunta del ejemplo) es menos eficaz que la codificación que tuvo lugar cuando se casó hace ya 50 años.

2. El fenómeno de “Reconsolidación”. Hace unos años, se descubrió que existe otro subproceso de memoria intermedio, entre la  consolidación y la recuperación que es la reconsolidación. Cuando recuperamos un evento creamos una nueva huella de memoria del mismo “reforzando” así su consolidación en nuestro sistema de memoria. Siguiendo con el ejemplo que nos ocupa, la cantidad de veces en que una persona mayor ha recordado el día de su boda para contárselo a hijos, amigos, nietos supera la cantidad de veces en que esa persona ha recordado quién la visitó el día anterior (probablemente nunca llegó a verbalizar dicho evento ni a pensar en ello hasta que le preguntaron). Según el fenómeno de reconsolidación, la boda tendrá una huella de memoria más fuerte que el evento de la visita estando, por tanto, más accesible.

Desde nuestra profesión y focalizándonos en el tema del post, nos inquieta el deterioro de la memoria asociado al envejecimiento normal preguntándonos: ¿Qué podemos hacer  para ralentizar el deterioro de la memoria de reconocimiento en una persona de edad avanzada? ¿Cómo podemos ayudarles a amortiguar el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento? La respuesta desde los profesionales es unánime: Entrenar su memoria.

La memoria es una capacidad flexible, de fondo, que permite la mejora con un buen entrenamiento. Es probable que no podamos devolver al anciano su nivel original de memoria pero sí que podemos mermar su deterioro o, al menos, flexibilizar sus esquemas y calmar su preocupación por la pérdida de memoria. Actualmente, existen talleres de estimulación para personas mayores, ejercicios de entrenamiento de la memoria que se pueden hacer desde casa (apoyados por un familiar, por supuesto), servicios psicológicos a domicilio que tienen como fin enseñar a las personas mayores cómo se debe almacenar la información para que la recuperación sea posible, otorgándoles claves y herramientas que faciliten ambos procesos.

Para finalizar, quisiera dejar una tarea de conciencia introspectiva para cada uno de los lectores de este post:

¿Dedicas tiempo a las personas de tu círculo vital que están envejeciendo? ¿Te has fijado en cómo sus procesos cognitivos ya no son los que eran?

No debemos olvidar que el envejecimiento es el proceso inverso al crecimiento, que igual que aportamos las mejores condiciones y cuidados a un bebé para que se desarrolle y crezca, debemos ofrecer el mejor ambiente a un anciano para amortiguar el deterioro asociado a la edad a través de la estimulación y el apoyo.

Mª José García-Rubio

Doctoranda 

Universidad Autónoma de Madrid

Fuentes:

Pérez, Carmen Sandi, César Venero, and María Isabel Cordero. Estrés, memoria y trastornos asociados: implicaciones en el daño cerebral y el envejecimiento. Ariel, 2001.

Arangüena, Luis Carretié. Anatomía de la mente: emoción, cognición y cerebro. 2011.

Brickman, Adam M., et al. “Regional white matter and neuropsychological functioning across the adult lifespan.” Biological psychiatry 60.5 (2006): 444-453.

La ciencia de la felicidad

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La ciencia de la felicidad

El viaje

Un día por fin supiste

lo que tenías que hacer, y lo empezaste,

aunque a tu alrededor alguna voces

insistían en gritar

malos consejos…

aunque toda la casa

se puso a temblar

y sentiste el viejo tirón en los tobillos.

<<¡Arréglame la vida!>>

gritaba cada una de las voces.

Pero no te detuviste.

Sabías lo que tenías que hacer,

aunque el viento husmeara

con sus dedos rígidos

hasta en los cimientos,

aunque su melancolía

fuese tremenda.

Ya era bastante tarde

y era una noche espantosa

y la carretera estaba llena

de ramas y piedras caídas.

Pero poco a poco,

a medida que dejabas atrás

sus voces,

las estrellas comenzaron a arder

a través de las láminas de nubes,

y se oyó una voz nueva

que lentamente

reconociste como tuya,

que te hacía compañia

mientras a zancadas

penetrabas cada vez más en el mundo,

con la decisión de hacer…

la decisión de salvar

la única vida que podrías salvar.

MARY OLIVER

Es cierto que es relativamente sencillo sentirnos alegres y satisfechos durante un día, un momento concreto, al igual que es “fácil” mantener la casa ordenada, sin embargo, parece ser que el mantenimiento duradero y estable de la felicidad, de la satisfacción con uno mismo no es tarea fácil de mantener.

Hoy, os vamos a dar algunas claves basadas en literatura científica para lograr incrementos a largo plazo en nuestro nivel de felicidad.

Primera clave: La emoción positiva

Las emociones positivas provocan espirales ascendentes, y después de una emoción positiva, ésta provoca otra y así sucesivamente. “Por ejemplo, después de hacer ejercicio aeróbico, sientes más energía, esto incrementa tu creatividad, de donde surge una nueva idea sobre cómo cautivar a tu pareja, y eso fortalece tu matrimonio, aumentando tu satisfacción y compromiso, y esto te vuelve más agradecido, lo cual alimenta el optimismo, creando una profecía que acarrea su propio cumplimiento, que amortigua el malestar que te produce un inconveniente el el trabajo, y así, sucesivamente.”

Segunda clave: El momento más oportuno y la variedad

Estudios dicen que es mejor y tiene más efecto elegir el momento más adecuado para cada persona para experimentar gratitud, o realizar cualquier acción que te haga sentir bien que repetirlo y hacerlo diariamente. Otro aspecto que también hay que tener en cuenta es la variedad, cualquier expresión emocional que elijas puedes decidir expresarla de forma distinta cada día. Por ejemplo, si eliges la generosidad el lunes puedes dejar una propina a un camarero, otro día puedes ir a ver a un amigo, la próxima semana lavar los platos aunque no te toque, etc.

Tercera clave: El apoyo social

El apoyo social es inestimable para ayudarnos a afrontar las dificultades y las desgracias de la vida. Estudios dicen que las mujeres que tienen por lo menos una amiga son más capaces de hacer frente a los problemas que las que no tienen ninguna.

Cuarta clave: Motivación, esfuerzo y compromiso.

La motivación, el esfuerzo y el compromiso son factores claves para que la felicidad perdure. Debes tomar la decisión, debes aprender lo que tienes que hacer, debes hacer un esfuerzo semanal, incluso diario para conseguirlo, debes comprometerte con el objetivo durante un periodo largo, tal vez incluso por el resto de tu vida.

Quinta clave: El hábito

Al principio debemos hacer un gran esfuerzo, pero poco a poco este esfuerzo va disminuyendo, a medida que tus nuevas conductas y prácticas se vuelven habituales a fuerza de repetirlas.

“Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido”

GEORGE ELIOT

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Clínica Guillén: Psicología y Psiquiatría

Psicología: 626117356      victoria@psicologia-psiquiatria.com

Psiquiatría: 675145329    mariano@psicologia-psiquiatria.com

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Hiponcondria

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Hiponcondria

Actualmente, el término hipocondría ha sido sustituido por el de ansiedad por enfermar (DSM-V), donde podemos encontrar determinados cambios en los criterios diagnósticos.

Estos pacientes presentan:

A. Preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave.

B. No existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves. Si existe otra afección médica o un riesgo elevado de presentar una afección médica, la preocupación es claramente excesiva.

C. Existe un grado elevado de ansiedad acerca de la salud, y el individuo se alarma con facilidad por su estado de salud.

D. El individuo tiene comportamientos excesivos relacionados con la salud (por ejemplo, comprueba repetidamente en su cuerpo si existen signos de enfermedad) o presenta evitación por mala adaptación.

E. La preocupación por la enfermedad ha estado presente al menos durante 6 meses, pero la enfermedad temida específica puede variar en ese periodo de tiempo.

F. La preocupación relacionada con la enfermedad no se explica mejor por otro trastorno mental, como un trastorno de síntomas somáticos, un trastorno de pánico, un trastorno de ansiedad generalizada, un trastorno dismórfico corporal, un trastorno obsesivo-compulsivo, o un trastorno delirante de tipo somático.

En el DSM V, se puede especificar el tipo de trastorno con solicitud de asistencia, es decir, que frecuenta asistencia médica, y el tipo con evitación de asistencia.

Estos pacientes presentan, además, dificultades en estas 3 áreas:

Fisiológico/emocional

  • Temor a la enfermedad y a la muerte no a los síntomas, sino a la implicación que supone
  • Síntomas desproporcionados y variables
  • Activación del SNA
  • Posible alteración del ánimo  (depresión, hostilidad).

Motor

  • Evitación activa (Búsqueda de tranquilización: ir al médico, buscar información en internet, etc) Se disminuye la ansiedad de forma temporal.
  • Evitación pasiva (No contacto con cosas que puedan producir enfermedades).
  • Conductas de enfermo

Cognitivo

  • Preocupación por la salud, la enfermedad y el cuerpo.
  • Atención excesiva a sensaciones más amplificación.
  • Atención selectiva, sesgo confirmatorio
  • Interpretación catastrófica de los síntomas
  • Creencias sobre salud y enfermedad

En cuanto a los antecedentes, es posible que estas personas hayan tenido contacto con enfermedades físicas en la infancia y actitudes y creencias hipocondriacas en la familia, y que hayan sufrido la pérdida de un ser querido, la realización de un duelo, así como hayan visto información alarmante en los medios de comunicación, y cuenten con estados emocionales negativos de base que pueden predisponerlos a sufrir este trastorno.

Los datos epidemiológicos, nos hacen ver que es un trastorno sufrido por aproximadamente un 1-5 % de la población general y que hay una alta comorbilidad con otros trastornos como la ansiedad y la depresión. El curso suele ser crónico aunque hay algunos indicadores de buen pronóstico, como pueden ser:

  • Inicio agudo
  • Presencia comorbilidad médica
  • Ausencia comorbilidad psiquiátrica
  • Ausencia ganancias secundarias

En cuanto a la evaluación de estos pacientes es necesario tener en cuenta los siguientes objetivos:

  • La actitud hacia el tratamiento psicológico.
  • Descripción del problema (topográfico, funcional, historia…)
  • Historia de tratamientos psicológicos y médicos
  • Grado de incapacitación (ganancias secundarias)
  • Creencias acerca del problema (por qué cree que tiene tantas enfermedades, qué explicación le da….)
  • Creencias generales sobre salud, síntomas, para ver si son disfuncionales
  • Historia familiar en relación con la enfermedad (física y psicológica)
  • Aspectos asociados (ansiedad, depresión….)

Por último, para el tratamiento de estos pacientes se utiliza la terapia cognitiva-conductual  habiendo protocolos estructurados de tratamiento para estos pacientes, necesitando en ocasiones el complemento de la farmacología para disminuir síntomas ansiosos y depresivos.

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Solución de problemas

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¿Qué podemos hacer cuando tenemos uno o varios problemas?

La solución de problemas es una técnica dirigida a entrenar a las personas en la resolución de problemas para mejorar su competencia social. Es importante que cada problema se resuelva por separado, de esta manera, nos cercioramos que vamos a llegar a la mejor solución sin implicar en el mismo otros problemas.

Dentro de las técnicas de solución de problemas, la que más aceptación tiene es la de D”Zurilla. Para él, los cuatro hechos que considera que han tenido influencia para el surgimiento de esta técnica han sido el interés por la creatividad, el rechazo del modelo médico frente al modelo de competencia social, el desarrollo de la aproximación cognitiva-conductual y el modelo transacciones del estrés de Lazarus y Folkman.

Este proceso de entrenamiento consta de 5 etapas:

  1. Orientación general hacia el problema: En esta etapa se pretende que la persona acepte el hecho de que las situaciones problemáticas forman parte de la vida diaria y de que es posible hacerles frente de modo eficaz, reconociendo las situaciones problemáticas cuando ocurren e inhibiendo la tendencia a responder de forma impulsiva o a no responder. Las características más importantes son:
    1. La percepción del problema (el reconocimiento y la etiquetación del mismo)
    2. La atribución del problema
    3. La valoración del problema (el significado para el bienestar social y personal)
    4. El control personal
    5. El compromiso tiempo/esfuerzo.
  2. Definición y formulación: Esta fase es realmente importante ya que una buena definición del problema va a facilitar la proposición de soluciones eficaces. Se trata de buscar toda la información relacionada con el problema, especificando e identificando las variables que son relevantes para este, tras lo cual nos planteamos metas concretas y realistas. Debemos ser capaces de responder a las preguntas, ¿Quién está implicado? ¿Qué sucede? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? y ¿Qué quiero lograr?
  3. Generación de alternativas: El objetivo de esta fase es generar tantas soluciones alternativas como sea posible. Para ello se utilizan tres principios, derivado del método de la tormenta de ideas:
    1. Principio de cantidad: cuantas más soluciones alternativas se produzcan, más calidad de ideas estarán disponibles, y con más probabilidad se encontrará la mejor solución.
    2. Principio de aplazamiento de juicio: una persona generará mejores soluciones si no tiene que evaluarlas en ese mismo momento.
    3. Principio de variedad: Cuanto más variadas sean las ideas, más probabilidad de ideas de  mejor calidad.
  4. Toma de decisiones: En esta fase debemos anticipar las consecuencias de las distintas alternativas de solución, evaluando los resultados y preparando un plan de acción para la solución.
  5. Verificación: En esta fase ya ha llegado la hora de actuar, poniendo en práctica las alternativas que hemos elegido y valorando en qué grado resuelven el problema. Este paso incluye cuatro componentes fundamentales:
    • Ejecución: Puesta en práctica de la alternativa.
    • Autoobservación: Debemos observar nuestra conducta y los resultados obtenidos.
    • Autoevaluación: Debemos comparar los resultados observados con los esperados.
    • Autorrefuerzo: Cuando hayamos solucionado el problema debemos premiarnos por ello.

Este proceso de solución de problemas, es un proceso cognitivo-afectivo-conductual, a través del cual, una persona descubre los medios efectivos para enfrentarse a los problemas de su día a día. Es un proceso de aprendizaje social, una técnica de automanejo y una estrategia general de afrontamiento. Por ello es útil para cualquier persona pudiendo usarlo en cualquier problema que lo surja a lo largo de la vida.

Además de ser capaces de llegar a las soluciones alternativas es necesario que la persona sea capaz de poner en práctica la mejor solución encontrada así como sea competente socialmente.

Por otro lado, dentro de los niveles de ejecución podemos distinguir:

  • Cogniciones de orientación al problema: siendo el nivel más general, son variables metacognitivas de orden superior, que definen una orientación general del individuo hacia los problemas de la vida. Dentro de ellas, podemos encontrar: la percepción del problema, las atribuciones causales, la valoración del problema, creencias sobre el control personal y valores respecto al compromiso del tiempo y esfuerzo para solucionar el problema.
  • Habilidades de solución de problemas específicas: Esto hace referencia a una secuencia de tareas específicas necesarias para resolver un problema en particular. Comprendería tareas como definir el problema, generar una lista de soluciones alternativas, tomar una decisión, llevar a cabo la solución, y evaluar el resultado.
  • Habilidades de solución de problemas básicas: Aquí se incluirían las habilidades cognitiva como la sensibilidad hacia los problemas, para reconocer los problemas, el pensamiento alternativo, el pensamiento medios-fines, anticipar consecuencias, y la toma de perspectiva.

Hay que tener en cuenta que las respuestas emocionales pueden facilitar o dificultar la solución de problemas.

Esta técnica que acabamos de ver está dirigida a adultos, no obstante Spivack y Shure desarrollan un programa de entrenamiento en la escuela a través de juegos y diálogos para ayudar a niños a desarrollar y entrenar esta habilidad resolutiva desde pequeños.

Para terminar, es importante tener en cuenta que si en algún momento te has planteado poner en marcha este proceso y no has conseguido lo que pretendías puede ser por varias razones, es cierto que en muchas ocasiones la persona puede no ser capaz de encontrar soluciones ya que se encuentra bloqueado emocionalmente, puede ser capaz de encontrar soluciones pero posteriormente se bloquea a la hora de ponerlas en práctica ya que no cuenta con las habilidades, o puede que ponga en marcha las soluciones pero que no la mantenga adecuadamente en el tiempo siendo por tanto un problema de constancia.

Como hemos comentado anteriormente esta técnica se aprende a base de entrenamiento, en consecuencia, Clínica Guillén: Psicología y Psiquiatría está a su disposición y de esta manera, entrenaremos juntos para conseguir sus metas y alcanzar sus objetivos cueste lo que cueste.

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  Victoria Guillén Paredes en Doctoralia

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