Hiponcondria

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Hiponcondria

Actualmente, el término hipocondría ha sido sustituido por el de ansiedad por enfermar (DSM-V), donde podemos encontrar determinados cambios en los criterios diagnósticos.

Estos pacientes presentan:

A. Preocupación por padecer o contraer una enfermedad grave.

B. No existen síntomas somáticos o, si están presentes, son únicamente leves. Si existe otra afección médica o un riesgo elevado de presentar una afección médica, la preocupación es claramente excesiva.

C. Existe un grado elevado de ansiedad acerca de la salud, y el individuo se alarma con facilidad por su estado de salud.

D. El individuo tiene comportamientos excesivos relacionados con la salud (por ejemplo, comprueba repetidamente en su cuerpo si existen signos de enfermedad) o presenta evitación por mala adaptación.

E. La preocupación por la enfermedad ha estado presente al menos durante 6 meses, pero la enfermedad temida específica puede variar en ese periodo de tiempo.

F. La preocupación relacionada con la enfermedad no se explica mejor por otro trastorno mental, como un trastorno de síntomas somáticos, un trastorno de pánico, un trastorno de ansiedad generalizada, un trastorno dismórfico corporal, un trastorno obsesivo-compulsivo, o un trastorno delirante de tipo somático.

En el DSM V, se puede especificar el tipo de trastorno con solicitud de asistencia, es decir, que frecuenta asistencia médica, y el tipo con evitación de asistencia.

Estos pacientes presentan, además, dificultades en estas 3 áreas:

Fisiológico/emocional

  • Temor a la enfermedad y a la muerte no a los síntomas, sino a la implicación que supone
  • Síntomas desproporcionados y variables
  • Activación del SNA
  • Posible alteración del ánimo  (depresión, hostilidad).

Motor

  • Evitación activa (Búsqueda de tranquilización: ir al médico, buscar información en internet, etc) Se disminuye la ansiedad de forma temporal.
  • Evitación pasiva (No contacto con cosas que puedan producir enfermedades).
  • Conductas de enfermo

Cognitivo

  • Preocupación por la salud, la enfermedad y el cuerpo.
  • Atención excesiva a sensaciones más amplificación.
  • Atención selectiva, sesgo confirmatorio
  • Interpretación catastrófica de los síntomas
  • Creencias sobre salud y enfermedad

En cuanto a los antecedentes, es posible que estas personas hayan tenido contacto con enfermedades físicas en la infancia y actitudes y creencias hipocondriacas en la familia, y que hayan sufrido la pérdida de un ser querido, la realización de un duelo, así como hayan visto información alarmante en los medios de comunicación, y cuenten con estados emocionales negativos de base que pueden predisponerlos a sufrir este trastorno.

Los datos epidemiológicos, nos hacen ver que es un trastorno sufrido por aproximadamente un 1-5 % de la población general y que hay una alta comorbilidad con otros trastornos como la ansiedad y la depresión. El curso suele ser crónico aunque hay algunos indicadores de buen pronóstico, como pueden ser:

  • Inicio agudo
  • Presencia comorbilidad médica
  • Ausencia comorbilidad psiquiátrica
  • Ausencia ganancias secundarias

En cuanto a la evaluación de estos pacientes es necesario tener en cuenta los siguientes objetivos:

  • La actitud hacia el tratamiento psicológico.
  • Descripción del problema (topográfico, funcional, historia…)
  • Historia de tratamientos psicológicos y médicos
  • Grado de incapacitación (ganancias secundarias)
  • Creencias acerca del problema (por qué cree que tiene tantas enfermedades, qué explicación le da….)
  • Creencias generales sobre salud, síntomas, para ver si son disfuncionales
  • Historia familiar en relación con la enfermedad (física y psicológica)
  • Aspectos asociados (ansiedad, depresión….)

Por último, para el tratamiento de estos pacientes se utiliza la terapia cognitiva-conductual  habiendo protocolos estructurados de tratamiento para estos pacientes, necesitando en ocasiones el complemento de la farmacología para disminuir síntomas ansiosos y depresivos.

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Solución de problemas

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¿Qué podemos hacer cuando tenemos uno o varios problemas?

La solución de problemas es una técnica dirigida a entrenar a las personas en la resolución de problemas para mejorar su competencia social. Es importante que cada problema se resuelva por separado, de esta manera, nos cercioramos que vamos a llegar a la mejor solución sin implicar en el mismo otros problemas.

Dentro de las técnicas de solución de problemas, la que más aceptación tiene es la de D”Zurilla. Para él, los cuatro hechos que considera que han tenido influencia para el surgimiento de esta técnica han sido el interés por la creatividad, el rechazo del modelo médico frente al modelo de competencia social, el desarrollo de la aproximación cognitiva-conductual y el modelo transacciones del estrés de Lazarus y Folkman.

Este proceso de entrenamiento consta de 5 etapas:

  1. Orientación general hacia el problema: En esta etapa se pretende que la persona acepte el hecho de que las situaciones problemáticas forman parte de la vida diaria y de que es posible hacerles frente de modo eficaz, reconociendo las situaciones problemáticas cuando ocurren e inhibiendo la tendencia a responder de forma impulsiva o a no responder. Las características más importantes son:
    1. La percepción del problema (el reconocimiento y la etiquetación del mismo)
    2. La atribución del problema
    3. La valoración del problema (el significado para el bienestar social y personal)
    4. El control personal
    5. El compromiso tiempo/esfuerzo.
  2. Definición y formulación: Esta fase es realmente importante ya que una buena definición del problema va a facilitar la proposición de soluciones eficaces. Se trata de buscar toda la información relacionada con el problema, especificando e identificando las variables que son relevantes para este, tras lo cual nos planteamos metas concretas y realistas. Debemos ser capaces de responder a las preguntas, ¿Quién está implicado? ¿Qué sucede? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo? y ¿Qué quiero lograr?
  3. Generación de alternativas: El objetivo de esta fase es generar tantas soluciones alternativas como sea posible. Para ello se utilizan tres principios, derivado del método de la tormenta de ideas:
    1. Principio de cantidad: cuantas más soluciones alternativas se produzcan, más calidad de ideas estarán disponibles, y con más probabilidad se encontrará la mejor solución.
    2. Principio de aplazamiento de juicio: una persona generará mejores soluciones si no tiene que evaluarlas en ese mismo momento.
    3. Principio de variedad: Cuanto más variadas sean las ideas, más probabilidad de ideas de  mejor calidad.
  4. Toma de decisiones: En esta fase debemos anticipar las consecuencias de las distintas alternativas de solución, evaluando los resultados y preparando un plan de acción para la solución.
  5. Verificación: En esta fase ya ha llegado la hora de actuar, poniendo en práctica las alternativas que hemos elegido y valorando en qué grado resuelven el problema. Este paso incluye cuatro componentes fundamentales:
    • Ejecución: Puesta en práctica de la alternativa.
    • Autoobservación: Debemos observar nuestra conducta y los resultados obtenidos.
    • Autoevaluación: Debemos comparar los resultados observados con los esperados.
    • Autorrefuerzo: Cuando hayamos solucionado el problema debemos premiarnos por ello.

Este proceso de solución de problemas, es un proceso cognitivo-afectivo-conductual, a través del cual, una persona descubre los medios efectivos para enfrentarse a los problemas de su día a día. Es un proceso de aprendizaje social, una técnica de automanejo y una estrategia general de afrontamiento. Por ello es útil para cualquier persona pudiendo usarlo en cualquier problema que lo surja a lo largo de la vida.

Además de ser capaces de llegar a las soluciones alternativas es necesario que la persona sea capaz de poner en práctica la mejor solución encontrada así como sea competente socialmente.

Por otro lado, dentro de los niveles de ejecución podemos distinguir:

  • Cogniciones de orientación al problema: siendo el nivel más general, son variables metacognitivas de orden superior, que definen una orientación general del individuo hacia los problemas de la vida. Dentro de ellas, podemos encontrar: la percepción del problema, las atribuciones causales, la valoración del problema, creencias sobre el control personal y valores respecto al compromiso del tiempo y esfuerzo para solucionar el problema.
  • Habilidades de solución de problemas específicas: Esto hace referencia a una secuencia de tareas específicas necesarias para resolver un problema en particular. Comprendería tareas como definir el problema, generar una lista de soluciones alternativas, tomar una decisión, llevar a cabo la solución, y evaluar el resultado.
  • Habilidades de solución de problemas básicas: Aquí se incluirían las habilidades cognitiva como la sensibilidad hacia los problemas, para reconocer los problemas, el pensamiento alternativo, el pensamiento medios-fines, anticipar consecuencias, y la toma de perspectiva.

Hay que tener en cuenta que las respuestas emocionales pueden facilitar o dificultar la solución de problemas.

Esta técnica que acabamos de ver está dirigida a adultos, no obstante Spivack y Shure desarrollan un programa de entrenamiento en la escuela a través de juegos y diálogos para ayudar a niños a desarrollar y entrenar esta habilidad resolutiva desde pequeños.

Para terminar, es importante tener en cuenta que si en algún momento te has planteado poner en marcha este proceso y no has conseguido lo que pretendías puede ser por varias razones, es cierto que en muchas ocasiones la persona puede no ser capaz de encontrar soluciones ya que se encuentra bloqueado emocionalmente, puede ser capaz de encontrar soluciones pero posteriormente se bloquea a la hora de ponerlas en práctica ya que no cuenta con las habilidades, o puede que ponga en marcha las soluciones pero que no la mantenga adecuadamente en el tiempo siendo por tanto un problema de constancia.

Como hemos comentado anteriormente esta técnica se aprende a base de entrenamiento, en consecuencia, Clínica Guillén: Psicología y Psiquiatría está a su disposición y de esta manera, entrenaremos juntos para conseguir sus metas y alcanzar sus objetivos cueste lo que cueste.

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Solución de problemas

 

 

 

 

 

 

Trastorno Obsesivo Compulsivo

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Trastorno Obsesivo Compulsivo

Este trastorno se ha descrito con un comienzo habitual en la adolescencia, pero existen ciertos casos en los que su inicio es claramente en la infancia.

Es realmente importante la detección lo más precoz posible del problema ya que mejor las posibilidades de intervención. Y por lo tanto, uno de los retos importantes, es diferenciar los rituales evolutivos, respuestas normales y frecuentes en muchos niños y que no generan ninguna desadaptación o malestar, de los rituales compulsivos que son problemáticos ya que generan gran interferencia en la vida del niño y su familia.

Otra característica de esta problemática es que puede presentar manifestaciones muy variadas desde compulsiones de limpieza o lavado, hasta comprobación, orden, repetición, acumulación, comprobación mental, rituales de simetría, lentitud, dudas obsesivas, etc.

Por ejemplo, entre los 3-6 años son habituales los rituales relacionados con las comidas, el baño y el irse  a la cama. Entre los 4 y los 6 años coincidiendo con una mayor frecuencia de miedos relacionados con la oscuridad los rituales relacionados con el irse a dormir parecen aumentar la frecuencia. Aparecen además rituales relacionados con el pensamiento mágico en las que el niño considera que su mente tiene “poderes especiales”, y simplemente por pensar o desear algo esto se va a cumplir. A los 5-7 años los rituales salen ser más de índole lúdica, y hacia los 6-11 años suele centrarse en la colección de objetos, empezando a disminuir estos comportamientos en la adolescencia.

Como definición, el Trastorno obsesivo compulsivo consiste en la presencia de obsesiones y/o compulsiones que interfieren de forma significativa en la vida de la persona.

¿Qué son las obsesiones? Son pensamientos, ideas, impulsos, o imágenes recurrentes, que se experimentan como intrusos e inapropiados y producen ansiedad. Generalmente se intentan neutralizar o compensar mediante alguna acción, pensamiento o compulsión que provocan un malestar intenso o representan una pérdida de tiempo o interfieren en el funcionamiento de la persona. En los niños no es necesario que reconozca que sus obsesiones y compulsiones son irracionales o excesivas, criterio necesario en los adultos.

En los niños se estima una prevalencia de este trastorno del 0,7%, habiendo diferencias con otros estudios que hablan de un 2-3%.

En cuanto al curso el comienzo es variable situándose la media entre los 12-13 años, variando desde los 7 a los 18 años, empezando de forma progresiva aunque suele verse incrementada su intensidad con eventos altamente estresantes o traumáticos.

En cuanto al tratamiento, el recomendado actualmente es la EXPOSICIÓN CON PREVENCIÓN DE RESPUESTA+ TÉCNICAS OPERANTES.

Esta técnica consiste en exponer al sujeto a los estímulos temidos e impedirle que realice los rituales, esto le permite comprobar que aunque no realice los rituales no ocurrirá el daño o peligro esperado, generando un cambio de expectativas que conducirá a la extinción de tales rituales o al menos producirá que los estímulos que se habían asociado con el comienzo de los rituales, se disocien de estos.

También se han utilizado técnicas cognitivas, especialmente de reestructuración cognitiva, pero son más habituales a partir de la adolescencia por la dificultad que esto tiene en niños.

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Bulimia

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Bulimia Nerviosa

El término Bulimia nerviosa fue acuñado por primera vez por Russell (1979) y en el DSM-III fue reconocido como categoría diagnóstica aunque centrando los criterios en la presencia de episodios de ingesta voraz y las reacciones psíquicas inmediatas inducidas por tales conductas.

Actualmente, la Bulimia nerviosa se encuentra dentro de los Trastornos de la conducta alimentaria junto con la Anorexia nerviosa y el Trastorno de la conducta alimentaria no especificado.

La Bulimia, por tanto, hace referencia a episodios caracterizados por una necesidad imperiosa de ingerir grandes cantidades de comida. Como consecuencia, la persona se ve invadida por fuertes sentimientos de autorrepulsa y culpa, y tiene la necesidad de mitigar los efectos del atracón, por ejemplo, autoinduciéndose el vómito.

Las principales características del cuadro consisten en:

  • Presencia de atracones y métodos compensatorios inapropiados para evitar la ganancia de peso.
  • Autoevaluación influida excesivamente por el peso y la forma corporales
  • El tiempo de duración de los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas necesario para hacer el diagnóstico es ahora en el DSM5 al menos una vez a la semana durante 3 meses.

El DSM, define el atracón como el consumo en un periodo corto de tiempo (inferior a 2 horas) de una cantidad de comidamos superior a la que la mayoría de los individuos comerían, siendo necesario para la calificación de dicho consumo como atracón la sensación de falta de control sobre la ingesta del alimento.

Generalmente durante los atracones se consumen alimentos altamente calóricos (precisamente lo que durante la dieta la persona se ha prohibido), aunque la característica definitoria de los atracones es la cantidad de alimento ingerido y no la preferencia por determinado tipo de alimento.

Normalmente los atracones, son conductas privadas, dada la intensa sensación de vergüenza y culpabilidad que generan en el individuo, y suelen ser desencadenados por situaciones interpersonales estresantes, la intensa sensación de hambre provocada por una dieta excesivamente severa, o las emociones relacionadas con el peso, la silueta y los alimentos.

Entre las conductas compensatorias inadecuadas tenemos:

  • Provocación del vómito (más frecuente)
  • Uso de laxantes
  • Práctica de ejercicio físico excesivo

No es infrecuente la aparición a largo plazo, en las mujeres que padecen este trastorno, de irregularidades menstruales o amenorrea. Los patrones de alimentación alterados, los vómitos y el uso de laxantes provocan graves complicaciones físicas, como depleción de los niveles de potasio, hipertrofia de la glándula parótida, hipocalemia, infecciones urinarias, arritmias cardíacas, parastesias periféricas, crisis epilépticas.

La prevalencia entre las adolescentes y jóvenes adultas es entre el 1-3% siendo 10 veces menor en el varón.

Se inicia normalmente al final de la adolescencia o el inicio de la vida adulta, y los atracones suelen comenzar tras un periodo de dieta.

El curso es crónico, en la mayoría de los casos.

Con frecuencia presentan además síntomas depresivos y de ansiedad siendo frecuente también conductas adictivas y de control de impulsos. Alrededor de un tercio cumplen criterios para trastornos de personalidad, principalmente el límite.

Normalmente el tratamiento de estos pacientes cuenta con:

  • Tratamiento farmacológico: Antidepresivos y antiimpulsivos
  • Tratamiento conductual: Dirigido a reducir los atracones y eliminar los vómitos, combinando información y educación con técnicas de control de estímulos dirigidas a evitar los atracones, con refuerzo por la consecución de los objetivos planteados y con técnicas de exposición y prevención de respuesta como forma de afrontar la urgencia de vomitar.
  • Tratamientos cognitivo-conductuales: Centrándose en la propuesta de que el eje central del trastorno lo constituyen las ideas disfuncionales.

Es necesaria la hospitalización si:

a) Presencia de atracones muy grandes y muy repetitivos

b) Presencia de vómitos inmediatos y muy frecuentes

c) Presencia de alteraciones orgánicas consecuentes a la conducta purgativa

d) Existencia de depresión con ideas autolíticas

e) Alteración del control de impulsos (consumo excesivo de alcohol o drogas, presencias de conductas autolesivas).

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RELAJACIÓN

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¿Puedo relajarme?

Es muy frecuente escuchar a las personas decir que para ellos es imposible relajarse, que cómo lo van a hacer si el ritmo de vida que llevan es muy estresante, y que por tanto no tienen tiempo suficiente para dedicarlo a relajarse.

Sin embargo, aunque aprender a relajarse no es tarea fácil una vez que se aprende apenas requiere tiempo, aportando muchísimos beneficios.

Desde la Psicología se ha hablado de  varios tipos de relajación, siendo las más conocidas:

  1. Relajación muscular progresiva de Jacobson
  2. Relajación autógena de Shultz
  3. Otras técnicas como la respiración, la visualización, el biofeedback, el yoga, la meditación o la hipnosis.

Las investigaciones han demostrado que la práctica de la relajación es eficaz par el tratamiento de diferentes problemáticas como el insomnio, hipertensión esencial, cefaleas tensionales, asma bronquial, fobias, estrés y tensión en general, así como tratamiento coadyuvante en diversas condiciones como ansiedad a hablar en público, ansiedad generalizada, colon irritable, dolor crónico, disfunciones sexuales.

La relajación modifica procesos fisiológicos relacionados con la ansiedad como: Frecuencia cardíaca y respiratoria, consumo de oxígeno, tensión muscular tónica, transmisión dérmica y la tensión arterial.

En este artículo vamos a hablar más acerca de la relajación autógena.

Podemos decir que este entrenamiento en relajación consiste en “entrenar al cliente para que sea él mismo el que se autogenere la relajación, se basa en la idea de la unión cuerpo-mente, según la cual una adecuada representación mental generará el cambio corporal correspondiente”.

Se intenta conseguir una desconexión general del organismo que suponga un cambio de actitud y un cambio en la manera de afrontar las demandas del medio, siendo menos profunda que la hipnosis y siendo el propio sujeto el que se lo genera. Esta modificación de la tensión en una sensación de relajación se consigue por concentración interna en determinadas representaciones preestablecidas a través de un aprendizaje progresivo.

Se empieza intentado conseguir sensaciones corporales típicas como pesadez, calor, etc.

Los ejercicios se dividen en dos ciclos, aunque es habitual entrenar al sujeto solo en los ejercicios del ciclo inferior.

Como podemos observar en la infografía los ejercicios del ciclo inferior consisten en:

  • Relajación muscular: (“mi brazo pesa mucho”)
  • Regulación vascular (“mi brazo está caliente”)
  • Regulación cardíaca ( “mi corazón late tranquilo”)
  • Control de la respiración (“mi respiración es tranquila”)
  • Regulación de los órganos abdominales (“mi plexo solar está caliente”)
  • Regulación de la región cefálica (“mi frente está fresca”)

 

Para más información sobre esta técnica y cómo aprenderla,

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Trastorno de Asperger

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Trastorno de Asperger

Actualmente, el Trastorno de Asperger sigue siendo un cuadro de dudosa validez nosológica, podemos decir que no se ha demostrado del todo si este trastorno es una modalidad separada del autismo o pertenece a el. 

Sabemos que el primero en describirlo fue Hans Asperger en 1944, hablando de síndrome similar al autismo, pero no fue hasta 1981 cuando Lorna Wing tradució sus trabajos que comenzó a tener influencia, apareciendo el término síndrome de Asperger.

El síndrome de Asperger es definido como una “alteración cualitativa grave y persistente del contacto social y del desarrollo de patrones del comportamiento e intereses, y por actividades restrictivas y repetitivas.”

Además, el trastorno puede dar lugar a un deterioro clínicamente significativo a nivel social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

No obstante, en el síndrome de Asperger, no se encuentran retrasos significativos en las siguientes áreas:

  • Lenguaje
  • Desarrollo cognoscitivo
  • Desarrollo de habilidades de autoayuda
  • Comportamiento adaptativo
  • Curiosidad acerca del ambiente en la infancia

Por otro lado, la mayoría de las personas que presentan síndrome de Asperger son de inteligencia normal, pero presentan con bastante frecuencia torpeza motora.

En cuanto a la epidemiología del trastorno, podemos decir que su prevalencia es realmente escasa, teniendo una mayor incidencia en varones.

Este trastorno suele iniciarse más tarde que el trastorno autista. Durante la época escolar es frecuente que estos niños tengan intereses peculiares diferentes al resto de sus iguales. En la vida adulta, es frecuente que tengan poca empatía y algunas dificultades en las relaciones sociales. Parece ser, que el trastorno sigue un curso continuo, prolongándose durante toda la vida del individuo.

Por otro lado, es importante realizar un adecuado diagnóstico diferencial siendo los principales trastornos con características similares los siguientes:

  • Trastorno autista
  • Trastorno de Rett
  • Trastorno desintegrativo infantil
  • Trastorno obsesivo-compulsivo
  • Trastorno esquizoide de la personalidad

En cuanto al tratamiento principalmente se ayuda al niño a manejar su comportamiento y a que adquiera unas adecuadas habilidades sociales para poder desenvolverse  lo más satisfactoriamente posible, tratando además posibles efectos adversos como la ansiedad y/o depresión.

 

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El sueño y sus trastornos

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El concepto de sueño ha ido evolucionando con el tiempo, antiguamente se lo consideraba como un estado totalmente pasivo consecuencia de diversos procesos fisiológicos. Es en el periodo precientífico cuando comienzan a formularse hipótesis más elaboradas sobre el sueño, siendo Griesinger quien en el S. XIX plantea el sueño como un proceso activo.

El sueño nocturno está compuesto por la repetición continua de ciclos de sueño a lo largo de la noche. Cada ciclo tiene una duración de 90-110 minutos, y se compone a su vez, de una serie de fases que se suceden dentro de cada ciclo.

Podemos hablar de dos tipos de sueño:

  1. Sueño lento: Sin movimientos rápidos de los ojos, por lo que recibe el nombre de sueño no REM. Predomina durante la primera mitad de la noche, atenuándose en la segunda, y llegando a desaparecer.
  2. Sueño rápido: Con movimientos rápidos de los ojos, por lo que recibe el nombre de sueño REM.

Dentro del sueño lento NO REM, podemos distinguir distintas fases:

  1. Fase 1: De transición entre vigilia y sueño. No suele durar más de 7 minutos y representa un 2-5% del tiempo total de sueño.
  2. Fase 2: Representa la mitad del tiempo total de sueño del adulto normal.
  3. Fase 3 y 4: Representa un 15-25% del tiempo total de sueño.

El sueño REM representa en el adulto un 20%, siendo los primeros episodios de corta duración, alargándose a medida que avanza la noche, de forma que el último episodio puede durar hasta 30 minutos.

Es en esta Fase REM, donde se produce la actividad onírica fundamental. Habiéndose hipotetizado que el sueño REM contribuye al desarrollo cerebral y al aprendizaje dada a la elevada proporción de sueño REM respecto al No REM en el sueño de los niños como podemos visualizar en la gráfica de la infografía. Donde la proporción de sueño REM va disminuyendo conforme vamos creciendo.

Es interesante además, conocer cómo va variando la cantidad de horas de sueño desde que nacemos hasta que nos hacemos adultos, por tanto, un recién nacido necesita dormir entre 16-20 horas, repartidas en 5-6 veces al día. A los 3 meses duermen unas 15 horas, repartidas entre 4-5 veces, a los 6 meses 14 horas repartidas en 2-3 veces, al año necesitan unas 13 horas repartidas en 1-2 veces, a los 3 años aproximadamente 12 horas repartidas también entre 1-2 veces, y a los 5 años unas 11 horas empezando ya en ocasiones a simplemente necesitar una pequeña siesta por la tarde. A partir de los 12-15 años el patrón de sueño ya se parece más al de un adulto que necesita entre 7-9 sin necesidad de hacerlo en más de 1 vez.

Además, como podemos observar en la infografía, existen determinados trastornos relacionados con el hecho de dormir más de lo que es considerado normal para nuestra edad o raza, o dormir menos, así como otro tipo de problemas que iremos explicando poco a poco en nuestro blog.

En Clínica Guillén: Psicología y Psiquiatría tratamos trastornos y problemas relacionados con el dormir, ayudando a las personas a recobrar su ritmo natural y poder llevar una vida satisfactoria.

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Trastornos de la eliminación

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TRASTORNOS DE LA ELIMINACIÓN

Dentro de los trastornos de la Eliminación podemos encontrar la Enuresis y la Encopresis.

La Enuresis consiste en la emisión de orina en sitios inapropiados como en la ropa, o en la cama, siendo generalmente de forma involuntaria. Para considerarlo realmente un problema es necesario una continuidad en el tiempo, por tanto, sería necesario que al niño le ocurriera al menos 2 veces por semana durante un periodo de 3 meses consecutivos, o esté causando un deterioro notable en el niño. Para poder diagnosticar este problema sería necesario además que el niño tenga 5 años, ya que anteriormente forma parte del proceso normal de crecimiento del niño.

Podemos clasificar la enuresis en función de la situación en la que aparece el problema:

  1. Nocturna: Es el tipo más frecuente. Suele aparecer en el primer tercio de la noche. Suele ocurrir durante la fase REM.
  2. Diurna: Es más raro, y suele asociarse con ansiedad social o preocupaciones escolares. Es más frecuente en mujeres.
  3. Nocturna y diurna: Cuando ocurre tanto durante el día como durante la noche.

O, en función del curso:

  1. Continua (Primaria): Supone el 85% de los casos de enuresis. El niño en ningún momento ha demostrado que controla sus esfínteres. Más frecuente en varones. Está relacionado con factores de  desarrollo, de aprendizaje, o disyunciones fisiológicas. Elevada tasa de remisiones espontáneas.
  2. Discontinua (Secundaria): Aparece después de que el niño haya logrado el control de la orina, al menos un periodo de 6 meses. Este tipo se asocia más frecuentemente con problemas emocionales o acontecimientos estrenaste. Aparece más frecuentemente en mujeres entre los 5-6 años y la remisión espontánea es menos probable.

Este problema suele ser más frecuente en los varones lo que podría explicarse por el hecho de que las niñas adquieren el control de la orina antes que los niños.

La importancia de una adecuada evaluación es crucial para resolver el problema de forma exitosa, por tanto, durante ese proceso es necesario recabar información sobre la duración, frecuencia, tipo, posibles antecedentes, y consecuentes de los episodios energéticos.

En cuanto al tratamiento el más probado y utilizado es el Método de alarma o pipí-stop, añadiendo a sus méritos el bajo coste y la completa ausencia de efectos secundarios siendo incluso más eficaz cuando le añadimos sobreaprendizaje. Este método consiste en una almohadilla que absorbe la orina que activa el circuito eléctrico que pone en funcionamiento una alarma que despierta al niño y que ha de apagar manualmente.

La Encopresis consiste en la presencia reiterada de heces, ya sea de forma voluntario o involuntaria, y que ocurre en sitios inapropiados. Para hacer un diagnóstico, es necesario que ocurra al menos un episodio al mes y durante un periodo no inferior a 3 meses. Debiendo tener el niño al menos 4 años.

Muchos niños a la edad de 2-3 años han conseguido el control del esfínter vesícula y la gran mayoría ya es capaz de ir al váter antes de los 4 años.

Es un trastorno que ocurre generalmente durante el día, es muy raro por las noches. Además el niño suele ser víctima de bromas de compañeros lo que provoca otras dificultades asociadas.

Podemos clasificar la encopresis en función de que exista o no estreñimiento

  1. Con estreñimiento: Más frecuente
  2. Sin estreñimiento

Otra clasificación puede elaborarse según el curso

  1. Continua (Primaria): El niño nunca antes ha demostrado poseer control
  2. Discontinua (Secundaria): El niño demostró durante un periodo superior a 12 meses el control de sus deposiciones.

Se estima que el 1,5% de los niños presentan encopresis, descendiendo la prevalencia con la edad siendo raro en la adolescencia. Este problema suele ser más frecuente en varones que en mujeres en una proporción de 3 o 4 varones por 1 mujeres.

A diferencia de la enuresis, en la encopresis es muy normal que el niño cuente con otros problemas asociados como conductas de evitación social, trastornos conductuales como el negativista desafiante o disocial, o presente además enuresis.

En cuanto al tratamiento, el entrenamiento en hábitos de defecación, el uso de laxantes para los casos de estreñimiento suelen ser esenciales en el tratamiento. Suelen emplearse tratamientos multicomponentes donde se incluyen técnicas conductuales y métodos médicos.

En Clínica Guillén: Psicología y Psiquiatría ayudamos a las familias a superar esta problemática y ser capaces entre todos de enseñar al niño a controlar estas procesos normales y tan importantes para todos.

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Fobia escolar

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Hoy hablamos sobre las fobias en los niños, en concreto una de las fobias más frecuentes en la infancia que tiene que ver con la fobia a ir al colegio o fobia escolar. Este acontecimiento puede causar preocupación en los padres por el desconocimiento de lo que esto pueda ocasionar en su hijo. En este artículo os explicaremos cómo detectarla y qué hacer para que este problema no se cronifique.

La fobia escolar es el temor intenso que sufren algunos niños en relación a ir al colegio caracterizándose por un fuerte rechazo al colegio lo que en consecuencia produce faltas considerables perdiendo el niño el hábito diario de la escuela.

Puedes identificarlo si tu hijo/a tiene una actitud negativista ante esta situación, tiene reacciones de temor, se queja de dolores en diferentes partes del cuerpo o se encuentra siempre de mal humor.

Es importante llevar cuidado, ya que porque durante algunos días tu hijo manifieste estos síntomas no significa que padezca fobia escolar. Pero sí os puede ayudar a despertar y poneros alerta.

Por otro lado, hay varios factores ambientales que podrían facilitar la aparición de esta problemática:

  • Miedo o amenazas del profesor
  • Cambio de colegio
  • Muerte de alguno de los padres
  • Enfermedad o accidente en el niño que le obliga a estar alejado del colegio durante un periodo de tiempo
  • Problema de asertividad en el niño y en los padres

En cuanto a qué podemos hacer para que este problema no se cronifique, digamos que una parte importante consiste en no permitir que el no ir al colegio se convierta en un hábito, en ocasiones conseguir esto puede ser muy difícil e incluso imposible sin una ayuda externa, por lo tanto, existen diferentes tipo de terapias para ayudar a los padres y orientarles en el mejor camino posible.

Entre las terapias útiles para este tipo de problemas encontramos la terapia cognitivo-conductual que ayuda al niño a modificar sus pensamientos negativos distorsionados y ser capaz de afrontar esta situación estresante de otra manera. Se le enseña a afrontar las situaciones que le provocan malestar y nerviosismo, utilizando para ello la ayuda y colaboración tanto de los padres como de los profesores.

Para ello Clínica Guillén está a vuestra disposición, cualquier duda o cuestión al respecto, pautas para ayudar al niño, no dudéis en poneros en contacto con nosotros.

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Fobia escolar

Miedos infantiles

By | Niños | No Comments

El miedo se considera una reacción normal, básica y constante en el desarrollo humano, teniendo un importante valor funcional y adaptativo. Si nos centramos en los niños esto es incluso más cierto, ya que el miedo en los niños forma parte del desarrollo normal, siendo los miedos infantiles pasajeros y temporales. Estos miedos suelen estar relacionados con etapas evolutivas, por lo que es normal encontrar ciertos miedos en ciertas edades, además es importante destacar que estos miedos no causan interferencia en el funcionamiento normal del niño, y que además juegan un importante papel ya que dotan al niño de habilidades para hacer frente a situaciones vitales estresantes, produciendo el desarrollo de habilidades de afrontamiento, útiles para salir airoso de diferentes situaciones de la vida.

Por tanto, es importante diferenciar estos miedos normales y evolutivos de los miedos patológicos o fobias, pudiendo estas últimas persistir durante años, incluso en la edad adulta.

A lo largo de la evolución, no sólo cambia el estímulo que provoca la reacción de temor sino también las manifestaciones de tal emoción, es decir cómo expresamos ese miedo.

Sabemos que en los primeros meses, el niño responde con malestar, gritos, llantos. Entre los 8 y los 12 meses ya es capaz de discriminar entre aquellos estímulos familiares de los extraños y aparece por tanto, el miedo a los extraños, como por esta época ya pueden caminar las respuestas de miedo se manifiestan por conductas de evitación de los estímulos y aproximación a la madre.

A partir de los 2 años suele aparecer el miedo a los animales, a la oscuridad y a los cambios en el entorno personal, estos miedos suelen tener una importante repercusión durante los años preescolares.

A los 6 años, conforme el niño va dominando el lenguaje y las operaciones simbólicas va apareciendo el miedo a seres imaginarios y a quedarse solo.

Entre los 7-9 años el niño es capaz de recordar experiencias vividas y anticipar posibles peligros, y los miedos que aparecen suelen centrarse en el daño físico, el fracaso, y el ridículo.

A partir de los 10-12 años los miedos se van a centrar en el juicio de los demás, daño físico y problemas familiares.

En la adolescencia, los miedos predominantes son de tipo social, en torno a las relaciones interpersonales y acerca de la propia estima e imagen.

Todos estos, por tanto son miedos naturales y evolutivos en todos los seres humanos, por otro lado, las fobias consisten en una forma especial de miedo caracterizado por ser desproporcionado respecto a la situación, irracional, es decir, no se puede explicar, queda fuera del control voluntario de la persona, y lleva a emitir respuestas de evitación, persistiendo la reacción de temor durante largos periodos de tiempo, al menos 6 meses. Las fobias por tanto, son reacciones desadaptativas y no corresponden a la edad evolutiva de la persona interfiriendo además negativamente en la vida de la persona.

La psicología infantil es muy importante para un adecuado desarrollo posterior de las personas, y para prevenir posibles problemas futuros antes de que ocurran, dotando a las personas de habilidades para superar cualquier obstáculo que la vida les vaya poniendo.

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