RELAJACIÓN

By 18 Noviembre, 2015Adultos

¿Puedo relajarme?

Es muy frecuente escuchar a las personas decir que para ellos es imposible relajarse, que cómo lo van a hacer si el ritmo de vida que llevan es muy estresante, y que por tanto no tienen tiempo suficiente para dedicarlo a relajarse.

Sin embargo, aunque aprender a relajarse no es tarea fácil una vez que se aprende apenas requiere tiempo, aportando muchísimos beneficios.

Desde la Psicología se ha hablado de  varios tipos de relajación, siendo las más conocidas:

  1. Relajación muscular progresiva de Jacobson
  2. Relajación autógena de Shultz
  3. Otras técnicas como la respiración, la visualización, el biofeedback, el yoga, la meditación o la hipnosis.

Las investigaciones han demostrado que la práctica de la relajación es eficaz par el tratamiento de diferentes problemáticas como el insomnio, hipertensión esencial, cefaleas tensionales, asma bronquial, fobias, estrés y tensión en general, así como tratamiento coadyuvante en diversas condiciones como ansiedad a hablar en público, ansiedad generalizada, colon irritable, dolor crónico, disfunciones sexuales.

La relajación modifica procesos fisiológicos relacionados con la ansiedad como: Frecuencia cardíaca y respiratoria, consumo de oxígeno, tensión muscular tónica, transmisión dérmica y la tensión arterial.

En este artículo vamos a hablar más acerca de la relajación autógena.

Podemos decir que este entrenamiento en relajación consiste en “entrenar al cliente para que sea él mismo el que se autogenere la relajación, se basa en la idea de la unión cuerpo-mente, según la cual una adecuada representación mental generará el cambio corporal correspondiente”.

Se intenta conseguir una desconexión general del organismo que suponga un cambio de actitud y un cambio en la manera de afrontar las demandas del medio, siendo menos profunda que la hipnosis y siendo el propio sujeto el que se lo genera. Esta modificación de la tensión en una sensación de relajación se consigue por concentración interna en determinadas representaciones preestablecidas a través de un aprendizaje progresivo.

Se empieza intentado conseguir sensaciones corporales típicas como pesadez, calor, etc.

Los ejercicios se dividen en dos ciclos, aunque es habitual entrenar al sujeto solo en los ejercicios del ciclo inferior.

Como podemos observar en la infografía los ejercicios del ciclo inferior consisten en:

  • Relajación muscular: (“mi brazo pesa mucho”)
  • Regulación vascular (“mi brazo está caliente”)
  • Regulación cardíaca ( “mi corazón late tranquilo”)
  • Control de la respiración (“mi respiración es tranquila”)
  • Regulación de los órganos abdominales (“mi plexo solar está caliente”)
  • Regulación de la región cefálica (“mi frente está fresca”)

 

Para más información sobre esta técnica y cómo aprenderla,

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  Victoria Guillén Paredes en Doctoralia

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